Las Catacumbas de San Calixto son muy extensas. Hemos recorrido tan solo una
parte del segundo piso. Pero esta constituye la parte más importante
por las criptas de indudable valor histórico: las de los papas, de Santa
Cecilia, de San Eusebio y los cubículos de los sacramentos. La nuestra
ha sido una breve visita de estudio y piedad, suficiente para darnos una idea
de lo que son las catacumbas, cementerios de la Iglesia de los primeros tiempos.
Las catacumbas son la prueba histórica de que la Iglesia en sus
orígenes fue una Iglesia de Mártires: 46 mártires,
de quienes conocemos el nombre, están sepultados en estas catacumbas,
pero ciertamente hubo muchos más.
La Iglesia de esos tiempos fue también una Iglesia de cristianos
auténticos, que no han sepultado su fe bajo tierra, sino que
la han manifestado abiertamente en cada situación de la vida, en familia,
en el trabajo, en las profesiones, con la lealtad al emperador y al Estado,
con la bondad hacia todos, suscitando la admiración incondicional también
de los no cristianos.
Hemos descrito un cementerio donde todo habla de vida má que de muerte.
Cada galería recorrida, cada cubículo visitado, cada pintura,
cada escultura, cada inscripción, nos han ofrecido un mensaje, con un
lenguaje silencioso, pero verdadero y comprensible: el mensaje de la fe, del
testimonio cristiano en la vida de cada día y del martirio en las persecuciones.
Por esto el papa Juan Pablo II ha declarado que durante el Gran Jubileo del
2000 "las catacumbas de Roma serán lugar privilegiado de oración
y de peregrinación... Junto con las grandes basílicas romanas,
las catacumbas deberán representar una meta irrenunciable para los peregrinos
del Año santo" (L'Osservatore Romano, edición
en lengua española, 14 de junio de 1996, p. 11).