Encontramos aquí conceptos con los cuales
los cristianos pensaban en la muerte y los volvemos a encontrar en las catacumbas:
por ejemplo, el concepto de Depositio. Las lápidas con la palabra
Depósitus, a veces abreviada (depo, Dep o solo D)
se cualifican en seguida como cristianas. En efecto, Depositio es un
término jurídico, usado por los abogados, que quería decir
"se da en depósito": los muertos eran confiados a la tierra como granos
de trigo, para ser devueltos luego en las mieses futuras. Es, este, un concepto
que los paganos no tenían.
Por todos estos motivos, por una teología
de la muerte tan diferente de la de los paganos, los cristianos quisieron aislarse
y crear sus propios cementerios. Lo mismo pasó con los judíos,
pero solo posteriormente.
Las excavaciones en Villa Torlonia han demostrado
con seguridad que las catacumbas hebraicas fueron creadas por lo menos 50-60
años después de las cristianas. Son los judíos quienes
en este tipo de sepultura imitaron a los cristianos.
Esta concepción cristiana de la muerte,
o mejor dicho, este mundo de los muertos que es sentido como viviente, nos hace
entrar en la mentalidad de los primeros cristianos, de los habitantes del Transtíber
de entonces: externamente eran alfareros, molineros, changadores, soldados,
pescaderos, barqueros, etc., como todos los demás (sabemos incluso que
eran apreciados por sus conciudadanos como gente que sabía cumplir con
su deber). Pero en lo íntimo de su conciencia tenían algo profundamente
diverso de los demás.
En el Cementerio Mayor sobre la Vía Nomentana
se encontró una hermosa inscripción cristiana: externamente es
una pequeña lápida de mármol que no presenta características
particulares, pero por los conceptos que expresa yo la considero uno de los
hallazgos más bellos. Se habla ahí de un siciliano fallecido en
Roma, el cual quiso recordar en griego, con estas brevísimas palabras,
su concepción de la vida: "He vivido como debajo de una tienda (es decir,
he vivido provisoriamente) por cuarenta años; ahora habito la eternidad".
Encontramos aquí toda la diferencia en la concepción de la vida
entre los cristianos y los paganos. Para los primeros se trataba de entender
el presente como un vivir provisoriamente para ir hacia la verdadera habitación,
la verdadera morada; para los paganos la vida tenía un sentido cerrado:
la muerte, en efecto, era el fin. En cambio, el momento trágico de la
muerte venía a ser para los cristianos el ingreso a un ambiente gozoso.
Jesús lo compara con la fiesta de bodas. Es por esto que los cristianos
en sus tumbas pintan rosas, aves, mariposas; en las decoraciones de las catacumbas,
a menudo se vuelve a hallar pintado este ambiente alegre, sereno, con símbolos
que expresan serenidad y tranquilidad.
De: Umberto Fasola, Le
origini cristiane a Trastevere, Fratelli Palombi Editori, Roma, 1981, pp. 61.
Por gentil concesión de los Editores.
Nota sobre el autor: Umberto
Fasola (+ 1989), padre Servita, se graduó en Sagrada Teología, en Arqueología
Cristiana, en Letras y Filosofía. Fue Profesor de Topografía cementerial de
Roma Cristiana, Rector del Pontificio Instituto de Arqueología Cristiana, Secretario
de la Pontificia Comisión de Arqueología Sacra, Curator del Collegium Cultorum
Martyrum. Descubrió y estudió diversas catacumbas, entre las cuales el Coemeterium
Majus sobre la Vía Nomentana. Escribió muchos libros y artículos de Arqueología.

