La cripta de San Cayo
Esta cripta ocupa un lugar especial en las Catacumbas de San Calixto por sus
proporciones verdaderamente excepcionales. Podía contener a más
de sesenta personas. Desde su mismo origen fue proyectada tan vasta para favorecer
las reuniones comunitarias. A través del amplio lucernario, situado en
la galería, se aseguraban para la cripta la luz y la suficiente ventilación.
La decoración es muy sobria; las paredes fueron revestidas de una simple
capa de estuco blanco.
En las paredes laterales se encuentran muchos lóculos, pero solo tres
en la pared del fondo. El lóculo del medio, de notables dimensiones,
es la tumba principal y más importante de toda la cripta. En ella se
conservan los fragmentos de la inscripción griega del papa Cayo:
La inscripción del papa Dámaso recuerda la bondad y la misericordia
del pontífice hacia los "lapsi" (caídos, sobre entendido
en el error), los apóstatas del cristianismo, es decir, aquellos que,
por miedo a las persecuciones, habían renegado de la fe. Opuesta a la
del pontífice era la postura de Heraclio, un exponente del clero romano,
que no aceptaba el arrepentimiento de ellos. El Papa sostenía que siguiendo
el ejemplo de Cristo, quien había perdonado siempre, había que
ser comprensivos y perdonar a los apóstatas tras un período de
adecuada penitencia.
La controversia, ya debatida bajo el pontificado del papa San Cornelio (251-253),
causó enconados contrastes sobre todo en la segunda mitad del siglo III
y a comienzos del IV. Se provocaron desórdenes. El emperador Majencio,
a causa de los choques entre las dos facciones religiosas, hizo alejar de Roma
a sus exponentes. Eusebio fue desterrado a Sicilia, donde murió de pena
y penuria algún tiempo después. La Iglesia lo consideró
en seguida un verdadero mártir. Su sucesor San Milcíades mandó
trasladar su cuerpo a Roma y colocarlo en esta cripta que tomó su nombre.
El poema en su honor trae la dedicatoria "Dámaso obispo hizo
(esta inscripción) para Eusebio, obispo y mártir".
He aquí el texto de la composición:
La expresión correcta sería: "Parténii Mártyris,
Calóceri Mártyris".
El cubículo fue completamente restaurado ya desde los primeros siglos
a causa de la toba poco consistente. El cubículo de enfrente, más
grande que un cubículo ordinario de catacumba, servía como lugar
de culto junto a tumbas veneradas.
Prosiguiendo el recorrido en la galería Q1, se halla un doble cubículo,
al que un amplio lucernario proporciona luz suficiente. A la izquierda se encuentra
El cubículo de los cinco Santos
Fue llamado así porque en la pared del fondo estaban representadas cinco
personas orantes en medio de un jardín, alegrado por el canto de los
pájaros, con plantas cargadas de flores y frutos: clara imagen del paraíso.
Sobre cada figura fue puesto el nombre acompañado del deseo "en
paz": "Dionisia en paz - Nemesio en paz - Procopio en paz - Heliodora
en paz - Zoe en paz". Se considera que la pintura fue realizada a comienzos
del siglo IV.
A la derecha hay un doble cubículo, que antiguamente recibía luz
de un amplio lucernario. Es
El cubículo del diácono Severo
Pertenecía a este eclesiástico, quien había sido autorizado
a excavarlo por el papa Marcelino (296 - 304). En el vasto ambiente está
grabada, sobre una cancela marmórea que cerraba un arcosolio, una inscripción
métrica, una de las más importantes y sugestivas de la Roma subterránea.
Los primeros versos de la inscripción hablan de la propiedad del cubículo:
"Este diácono Severo, autorizado por su papa Marcelino, hizo
este cubículo doble (formado por dos aposentos contiguos), con
arcosolios y lucernario, como tranquila mansión de paz para él
y los suyos, a fin de que por largo tiempo guarde en el sueño los dulces
miembros (para Dios), creador y juez...".
La inscripción continúa con el recuerdo afectuoso del padre
Severo hacia su joven hija: "Severa, dulce con sus padres y con los
domésticos, entregó (su alma a Dios) siendo virgen (es
decir, niña) un 25 de enero. Quiso el Señor concederle desde
su nacimiento una admirable sabiduría y hermosura...".
La inscripción es importante desde el punto de vista dogmático,
puesto que expresa la fe en la resurrección de los cuerpos: "El
cuerpo mortal está sepultado aquí en tranquila paz hasta tanto
lo haga resurgir el Señor, quien arrebató (a Severa) el
alma casta, recatada y por siempre inviolable con su Santo Espíritu,
y que la devolverá (al cuerpo) adornada de gloria espiritual.
Vivió nueve años, once meses y quince días. Así
pasó de esta vida terrenal".
La inscripción es importante también desde el punto de vista histórico,
porque es el primer documento epigráfico en que el Obispo de Roma es
designado con el título de "papa" (padre). Desde entonces
el término fue usado como sinónimo del obispo de Roma. La palabra
no está grabada por completo, sino con la sigla PP, todavía usada
por los papas cuando firman.
Dejando ahora el camino maestro de la galería Q1 y volviéndonos
a mano izquierda nos introducimos en la galería R2, a cuya izquierda
se encuentra
El cubículo de las Ovejitas
El sepulcro del fondo se compone de un nicho para sarcófago, con un arco
por encima. El arco y la luneta contienen una pintura del IV siglo,
dañada por la apertura de un lóculo. En el centro del arcosolio
está la imagen del Buen Pastor con la ovejita sobre sus hombros, rodeado
del rebaño (un carnero y unas ovejas). La escena representa la imagen
del Buen Pastor que lleva al difunto entre las filas de los bienaventurados.
En los costados, dos hombres con túnica y palio se apresuran a beber
en las dos fuentes que brotan de la roca: son dos bienaventurados que reaniman
sus fuerzas en las fuentes del agua viva que es Cristo.
En la pared izquierda del nicho se halla una escena eucarística
que puede calificarse como única en la pintura, mientras que es frecuente
en los sarcófagos. Jesús impone las manos sobre un canasto de
panes y sobre algunos peces que le son presentados por dos Apóstoles.
En el suelo se ven seis canastos de pan con la cruz arriba. La pintura fue posteriormente
perjudicada por la apertura de un pequeño nicho para lámparas.
En la pared derecha del arcosolio está representado Moisés
que se desata las sandalias. Junto a él aparece Pedro en el acto de golpear
la roca para hacer manar agua. Un soldado con la espada ceñida, se acerca
a la fuente y toma el agua con las dos manos. Moisés es símbolo
de la antigua Ley, Pedro de la nueva. El agua de la roca es símbolo de
la del bautismo; el soldado vestido como un militar romano representa a los
primeros cristianos convertidos por Pedro.